Saturday, September 30, 2006

¿Quema la soledad?

La soledad sonríe
y calla vestida de Marilyn Moroe
dentro de la chimenea encendida.
Derecho

Respirar el hedor de los cuerpos hacinados
sobre calles moribundas, en las estancias de un acorde.
Deslizarme sobre el bosque del pensamiento
y ser puesto al ser que soy.
Sólo respirar aunque sea tu mismo aire
es derecho, placenta y espacio
¿Cabremos por fin todos?

a) Si
b) No
c) Talvez
d) No me molesto en pensarlo

¿A cuál de ellas respondes?



Nota: Recomendamos que conteste con lápiz # 2 por si cambia de opinión.
Furia

Furia, la que brota
del volcán que lleva su voz.
Furia, porque quienes lo
mancillaron fueron los suyos.
Furia, porque el duelo
se desdobla en desafío.
Furia, porque lo margina
el tiempo que pasa detenido
en la fila de la disco donde espera.
Furia, porque le escupen en la
cara.
Furia, porque le cortan
el vuelo.
Furia, porque quieren
hacerlo callar cuando grita.
Furia, porque también se burlan ellas
como si estuvieran
en mejor condición,
amb@s comparten
el mismo objeto de deseo.
Furia, la voz grita fuerte
se desdobla en duelo
y todos buscan que se calle
que no tiene derecho
que es una plaga
que Moisés lo condena
que su heredero Pablo
hace lo mismo
y a todo esto furia
él responde furia…
furia… furia... furia
¡Furia!

Sunday, September 24, 2006

Después de un tiempo de inactividad

Después de un tiempo de inactividad Versali@ vuelve a nutrirse del germen de la palabra lírica. Por ello, los invito a que enjuicien esta nueva voz que en Versali@ nace y revivamos esa llama que debe arder con cada suspiro… Mis disculpas por la ausencia.

Un abrazo,
Abdiel Echevarría Cabán

Desde ese instante

A Ema

Desde ese instante pude oler ese extraño
signo de los cuerpos.
Puede saborear tu voz a distancia
y enredarme con ella hasta el sueño.
Cada hilo de piel se vuelve a enrolar
en mi cuerpo, carrete de tus silencios
que abren puerta a mis adentros,
tal vez en el instante mínimo donde
nos correspondemos más que en una eternidad.
Devora el sentido ese espejo
donde me reflejo y te veo acariciando mi espalda
con el sabor de tus siempre labios.
Camino tras una duda trapecio
en que giro y las piruetas arriesgadas
muestran la belleza más simple, de ahí que
busque arriesgarme hasta caer en tus redes,
y quizás hundirme en tu pecho preguntando
sereno en donde late la fuerza que leo en tus
espacios que me comprimen y me expanden
para deslizarme más adentro y te recibo.
Nos adentramos en las islas que se leen
en nuestros silencios dentro y fuera de la piel
agitada en la vorágine, viento de voces que
reencuentra el sentido. Late más adentro
el otro cuerpo que me habita, el cuerpo que anhela
lo estático para encontrarme siempre dentro de tus ojos,
dentro y reencarnado de ti/tú de mí,
como ese encuentro del mar con el río
que se desborda tan sólo cuando las corrientes se agitan.
No lo perseguían mariposas

Vi el rostro del hambre junto a mi puerta,
lo vi herrumbre de metales,
edredón que abrasa con brasas de hielo.
Sentí su reclamo y vi su abrazo
en otros rostros angulados.
Vi como adhería los vientres a la espalda.
Vi su rostro en el tecato
que me pedía una limosna para viajar
a otra parte no tan lejana de los huesos.
Y vi sus huesos partidos y su piel hecha hilachas de
escamas laceradas como la piel de un reptil
desgarrada por el golpe certero asestado
por la loca lancha de un turista y sentí el balido de la piel,
destajaba en milésimos segundos de contacto.
Y vi el dolor sentado junto a mí
en la acera de una yugular separada de su espina dorsal.
Vi el tajante desagarre del estómago
dolíase más que el cáncer, inmovilizado como el
parkinson. Vi a ese estómago devorándose así mismo
comiéndose el cuerpo y vi cuánto duele
cuando niegan la comida por un centavo
y luego la arrojan a la basura y vi como
otros hombres se la disputan a los perros.
Vi su espectro, no lo perseguían mariposas.
Siento un temblor de alas

Siento un temblor de alas
deshojándome la piel
como un templo que levita en ruinas
y una sombra que se postra en el suelo
persigue esclava su refractor.
Siento un temblor de alas,
no hay vuelo que levante este cuerpo
transido en el espacio.
Siento un temblor de alas,
conturbado en la memoria
de un siglo, alborada sin destino.
Siento un temblor de alas, escrutinio
de una elección circense donde los
payasos gobiernan.
Siento un temblor de alas, en la sombra
crepita su llama, una vela, tiembla
temerosa de su suerte, desgastada por
su fuego se consume.
Siento un temblor de alas,
carta sin destinatario que viaja
a la espera en la mano de un cartero
paciente de anzhimer.
Siento un temblor de alas
y vuelo temblando hacia el fuego
que emite tu luz.
Una ciudad de sombras habita en este silencio

Una ciudad de sombras
habita en este silencio.
Un rumor se disuelve,
como jugo dulcísimo,
concentrado en el epicentro
de las horas.

Fraguan los celajes,
bonos que vende el
tiempo, degradados, como
efigie indigente.
Sueños

Sueños despiertan tras el correr de una ventana
que duerme en los balcones de un desierto
lánguido, silente, andrógino, inmutable.

Sueños despiertan en medio de un letargo,
en medio de dicotomías amorfas
de sutilezas desquiciadas.

Sueños, materia orgánica del
espacio donde habito,
quebrantan la rama.

Ya no...

Ya no…

Ya no me despedazan las heridas
que pretendan asestarme dándome la espalda
porque sé que al viento se expande
ese rumor que llevo en los pasos.

Ya no me hiere la garra felina que pueda
desgarrar todos mis adentros, ya sé que no hay
felino que no pueda domarse
rascándole la panza.

Y es que sí hay reyes en este mundo,
pululan como un hormiguero
enardecido, pero hay otras fuerzas
apuestas a ellos en el universo,
que me hacen sentir seguro.

Bajo el cobijo de esas alas
remiendo las mías,
y sí llevan las marcas que
no se borran cuando
el camino ha sido,
quien ha recorrido
la trayectoria sobre el cuerpo.
Sí están presentes los signos, no los oculto.

Y cuando lo pienso
no puedo evitar la risa y no me burlo
porque los adentros se reconocen,
el mío desde otro tiempo, pasado
y el de ustedes desde el ahora,
que navega como un barco
en las nubes altas, cargadas de ácida lluvia.
Pero yo, me remojo en esas aguas
subterráneas, ésas que son puras
luciérnagas de efímero vuelo.
Me remojo en esas aguas que rompen
inmundicias contra las rocas de la cueva.

Podría beberme y no sentir otra vez
ese sabor a insecticida que navegaba
en mi sangre. Podría verme en los
espejos sin temer a mi reflejo,
mas…
¿podrán ustedes hacer lo mismo?